Marilyn Monroe, la estrella que convirtió las joyas en objetos de deseo

11 Jun 2026

Cuando se cumple el centenario de su nacimiento, repasamos la contribución del icono de Hollywood al mundo de la joyería.

Desde los comienzos de las civilizaciones las joyas han sido sinónimo de estatus, de compromisos o de buena suerte. Han representado la vida y la muerte, el amor y la belleza, pero nunca habían producido un deseo tan fuerte como el que consiguió transmitir Marilyn Monroe. Solo ella fue capaz de hacernos creer que todas podemos lucir diamantes. El sueño se hizo realidad.

Era el verano de 1953 —en España fue dos años más tarde— cuando llegó a las pantallas de los cines de Estados Unidos una escena que sigue siendo inolvidable: Marilyn, vestida con un traje de seda salvaje fucsia firmado por el figurinista William Travilla, bailaba entre el brillo de una gran cantidad de diamantes y un grupo de hombres en frac. Y mientras descendía por unas escaleras, la actriz californiana cantaba la famosa canción Diamonds Are a Girl’s Best Friend. 

Academy Museum of Motion Pictures

La película era Los caballeros las prefieren rubias y, además de pasar a la historia de la moda y del cine, consiguió casi un imposible: que un juego de piezas falsas hiciera que nos enamoráramos para siempre de los diamantes. Y es que, como suele ocurrir en Hollywood, las pulseras, collares y pendientes que Marilyn lucía en la escena ni eran de oro ni llevaban engastadas gemas auténticas. Y aún así, nos hipnotizaron. La actuación fue tan célebre que en 1985 Madonna la reprodujo en el videoclip de Material Girl. Incluso Ana de Armas se ha enfundado una réplica de uno de los vestidos más famosos del cine para protagonizar su biopic, Blonde. 

Netflix

Marylin elevó así el valor de la joyas. A partir de Los caballeros las prefieren rubias, estas pasaron de ser piezas inalcanzables que representaban un cierto estatus a objetos de deseo que añadían feminidad y sofisticación a cualquier look, además de independencia, ya que, como cantaba la actriz, el diamante era el mejor amigo de una mujer, por encima de cualquier hombre. 

A pesar del éxito de taquilla que fue la película dirigida por Howard Hawks, el diamante que más deseos levantó en aquel momento no aparece en la cinta, sino en la promoción de esta. La actriz acudió al preestreno con la Luna de Baroda en el cuello, un exclusivo diamante amarillo en talla pera de 24,04 quilates que perteneció durante dos siglos a la familia Gaekwads de Baroda, dinastía india de maharajás, y que nos descubrió una de las piedras más preciosas del mundo.

Wikimedia Commons

Además de las espectaculares piezas de diamantes con la que la hemos visto dentro y fuera de la gran pantalla, Marilyn también nos enseñó el poder de las piezas de oro “para todo”. Prueba de ello son los icónicos pendientes de aro que lució en el filme Niágara, un imprescindible que combina tanto con vestidos o trajes sastre como con looks informales compuestos por jeans, y que además de versátiles parecen haber sido creados para permanecer en nuestro joyero toda la vida.

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Cien años de su nacimiento

Excepto la Luna de Baroda, que fue subastada por Christie’s en 2018 a un comprador anónimo, parte de las joyas de la actriz —incluidas las réplicas creadas para las películas— se exponen junto a otros objetos, tanto de su vida pública como privada, en el Academy Museum of Motion Pictures de Los Ángeles. El motivo es la conmemoración de los cien años del nacimiento de Marilyn que coincide este año. 

Otros museos del mundo también han querido homenajear al icono del cine. La National Portrait Gallery expone una colección de retratos y fotografías clásicas de artistas de la talla de Andy Warhol, Richard Avedon y Cecil Beaton; mientras que la Cinémathèque Française muestra una retrospectiva sobre su carrera y su faceta como empresaria al fundar su propia productora. Porque Marilyn, como sus joyas, aún sigue brillando. 

Academy Museum of Motion Pictures

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