El espíritu errante del boho por Teresa Romero Martínez

7 Abr 2026

A medio camino entre la poesía y la rebeldía del vestir, el BOHO y su esencia NÓMADA y MUTANTE se erigen como una de las tendencias que resucita con fuerza en busca de la AUTENTICIDAD.

Hay modas que nacen para desvanecerse fugazmente, tendencias efímeras que mueren en el mismo instante en el que alcanzan su apogeo.  Y luego está el boho. Que, más que un mero capricho estacional, es un eco de tiempos remotos que sigue acechándonos en el presente. Nómada y mutante, su origen contracultural lo consolida como un símbolo de la moda que se niega a someterse, un espíritu que se desliza entre siglos y geografías reinventándose constantemente, pero jamás traicionando su esencia. El boho ha sido el uniforme inherente de los inconformistas, el atuendo de los que rechazan lo establecido y de los que buscan una conexión más profunda con la autenticidad, el arte y la naturaleza. Relato que, a día de hoy, persiste.

Blumarine
Chloé
Chanel
Missoni

Desde sus primeras manifestaciones en el siglo XIX con los bohemios parisinos que desafiaban los cánones burgueses con vestimentas despreocupadas, hasta su consolidación en la contracultura de los años 60 y 70, esta estética siempre ha estado ligada a la resistencia. La vestimenta holgada, los textiles artesanales y las influencias multiculturales han sido símbolos de rechazo a la vorágine de las normas sociales impuestas y, por supuesto, de los estilos. En definitiva, una declaración de intenciones a través de la ropa. Personalidades como Joni Mitchell, Stevie Nicks o Jane Birkin catalizaron esta aura forjando las referencias que hoy se acercan a cómo conocemos la tendencia.

El siglo XXI le ha dado al boho nuevas facetas al diversificarse en vertientes que dialogan entre sí como el boho-indie con tintes oscuros de los días de Tumblr, los guiños al grunge de los 90 o el boho-folk arraigado en lo artesanal y en las reminiscencias campestres. El resurgimiento del boho-chic, popularizado por figuras como Sienna Miller, Mary-Kate y Ashley Olsen y Kate Moss, supuso la entrada de la estética en nuestro imaginario actual. Marcas como Chloé, liderada en el pasado por diseñadoras como Phoebe Philo en su etapa más minimalista, y Natacha Ramsay-Levi con su sensibilidad moderna, redefinieron este aire más refinado.

Si bien los primeros años del siglo consolidaron al boho como algo más elevado, la década de 2010 llevó la tendencia a su punto más festivalero y puramente ornamental. El festival de Coachella, convertido en el epicentro global de la moda bohemia, estableció un credo visual de coronas de flores, kimonos con flecos o encaje de bolillos o guipur, shorts con detalles y accesorios étnicos, ampliamente adoptado por las masas. La fórmula estética más deseada en su momento. Sin embargo, como todo exceso, esta versión del boho fue perdiendo autenticidad y cayó en la repetición. Lo que en un principio evocaba un espíritu libre y despreocupado acabó por transformarse en una estampa predecible, desprovista de la espontaneidad y libre albedrío.

Twinset Milano
Louis Vuitton
Chloé
Isabel Marant

Con la llegada de Chemena Kamali a Chloé el espíritu errante del boho volvía a sus orígenes desembocando en puertos que abrazan lo effortless. Con la mirada puesta en el archivo de la marca de los años 70, la colección de otoño-invierno 2024/2025 de la firma parisina inauguraba la nueva era donde la nostalgia se libera. Cansados de las restricciones estéticas del lujo silencioso, la elegancia sin esfuerzo se convierte en objeto de deseo máximo, aunque mantiene un cierto toque minimalista. Las líneas fluidas, los detalles, los bordados artesanales, las capas infinitas de tejidos etéreos y la conexión con el mundo a través de los estampados florales y una paleta de colores neutros inspirada en la naturaleza marcan esta renovada visión: el retorno a la autenticidad donde la indumentaria no solo es una estética, sino también una filosofía de vida más conectada con el entorno y con el savoir-faire. A Chloé se unen grandes casas como Saint Laurent, Valentino, Isabel Marant, Zimmermann e, incluso, Alaïa y Hermès pasando por los ya clásicos diseños de Etro, Gabriela Hearst o Missoni como impulsores de esta inclinación. Asimismo, recibe el beneplácito de caras tan conocidas como Suki Waterhouse, Daisy-Edgar Jones y, de nuevo, Siena Miller.

En este retorno a lo esencial, los accesorios se alinean con una belleza fluida. Las joyas de RABAT Waves, con sus formas ondulantes y orgánicas, y la elegancia atemporal del oro rosa de RABAT Evergold, acompañan el movimiento natural del cuerpo, aportando un brillo sutil que encaja a la perfección con el espíritu libre y sofisticado del nuevo boho.

A medida que esta reinterpretación del boho se expande y conquista nuevos adeptos, sus códigos estéticos se manifiestan en siluetas y detalles que evocan un no tan nuevo ideario. Las sandalias en cuña acompañan junto con botas de caña alta a vestidos vaporosos que ondean e insinúan sin revelar a través de sus tejidos transparentes. Los pantalones harem o bombachos con su exótica despreocupación abrazan la comodidad sin perder un ápice de sensualidad y conviven con vaqueros de corte acampanado y talle alto. Los flecos, el ante, los ojales y las tachuelas aportan el giro más bucólico evocando ese espíritu nómada que habita en el alma más pura del boho. Se deslizan en chaquetas y chalecos de cortes relajados y efecto piel, en bolsos de inspiración Western y en botas que parecen haber recorrido mil y un caminos. El boho se filtra en cada detalle, igual trasciende en materia beauty.

Las melenas prerrafaelitas, largas, onduladas, con un aire de abandono cuidadosamente calculado se imponen junto con el efecto cara lavada en maquillaje. Un idioma que habla de libertad y de un anhelo profundo de autenticidad.

Chloé

En cada uno de sus renacimientos, el boho ha sido la vestimenta de aquellas que se resisten al status quo, de las románticas que sueñan, de los artistas que hacen de su cuerpo un lienzo y de los viajeros que buscan lo inasible. Su permanencia en el tiempo es la prueba de que, pese a la hegemonía del cambio y el fulgor de las tendencias, siempre existirá ese deseo latente de regresar a lo esencial, a la poesía que cuenta historias, a un Boho siempre indomable y, cómo no, eterno.

Johanna Ortiz
Jacquemus

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