Términos y condiciones para ser la anfitriona perfecta por Marta Handrich

26 Feb 2026

Recibir en casa es un arte. O, mejor dicho, es una disciplina olímpica no reconocida, porque para cuando llega el primer invitado, una ya ha corrido una maratón emocional: elegir el menú, pelearse con la florista, descubrir que la vajilla no combina y, por supuesto, pretender que todo ha sido "súper espontáneo".
Marta Handrich
Marta Handrich

No me malinterpreten, adoro ser anfitriona. Hay algo hermoso en reunir a gente querida, en compartir una buena copa de vino (o dos), y en ver cómo se derrumba lentamente mi plan inicial de una cena elegante en favor de unas risas, una sobremesa infinita y un par de copas derramadas. Pero, por amor a la decoración y por el bien de mi salud mental, aprendí algunas reglas de oro que hoy comparto.

1. La mesa: personalidad sobre protocolo

Nada de mesas perfectas y frías como de showroom. La clave está en la mezcla. Me encanta combinar copas de cristal tallado con platos de cerámica artesanal, cubiertos de distintas décadas y, por supuesto, algunas de mis piezas vintage favoritas de Santa Cosa. Porque una mesa sin historia es solo un tablero con cosas encima.

Mis imprescindibles: vajilla con bordes dorados (da un toque aristocrático sin el compromiso de serlo), servilletas de tela (no negociable), velas a distintas alturas y pequeños toques florales que no estorben demasiado.

Marta y Blanca Handrich
Marta y Blanca Handrich
Piezas vintage de Santa Cosa
Piezas vintage de Santa Cosa

2. El menú: no te creas chef si no lo eres

El día que intenté hacer un soufflé de queso para ocho personas entendí que la vida es muy corta para recetas complicadas. Mi regla es simple: platos que pueda hacer con una copa de vino en la mano. Que sean ricos, sí, pero también realistas. Aquí, el truco es apostar por productos de muchísima calidad, darse un paseo hasta el Mercado Central y encontrar ese tomate de la huerta, un queso comté cortado a cuchillo en la quesería o un pollo entero en esa pollería que lleva más de cien años haciendo de algo sencillo un verdadero manjar.

Por ejemplo, una tabla de quesos y fiambres bien montada puede decir «amo la gastronomía y la sofisticación» cuando en realidad significa «no tuve tiempo y fui a la tienda gourmet más cercana». Truco de experta: el pan importa, y mucho. Prohibido el pan de supermercado y sí a un pan especial para que la ilusión sea completa.

Misette | misettetable.com
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3. El ambiente: luz, música y actitud

Las velas hacen milagros. La iluminación cálida es nuestra mejor aliada, especialmente si el postre viene con una arruga de preocupación por si la mousse no cuajó bien. Música de fondo: lo suficientemente suave para hablar, lo suficientemente presente para tapar silencios incómodos. Tengo playlists maravillosas que alterno según el tipo de cena, comida o desayuno que organizo.

Kí Ceramics | Bandeja de
10 candelabros de cerámica. 420 €. es-fascinante.com
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Y, sobre todo: relájense. Lo peor que puede pasar es que se queme la comida (en ese caso, pediremos delivery y fingiremos que era la idea desde el principio). O que alguien derrame vino en el mantel (y es mejor un mantel manchado que uno de esos deprimentes manteles plastificados antimanchas). Al final, lo que importa no es la perfección, sino el placer de compartir.

Así que ahí lo tienen: el arte de recibir no está en la coreografía perfecta, sino en la capacidad de hacer que todos se sientan como en casa (incluyéndose a una misma). Ahora, si me disculpan, tengo que ir a encender unas velas y a fingir que no llevo dos días planificando esa «reunión improvisada».

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