Cuando te giras para saludar a alguien y los volantes tardan una milésima de segundo más en volver a su sitio. Cuando los flecos se contagian de tu euforia en la pista de baile. O cuando el viento transforma el material de tu vestido, de rígido a fluido. El movimiento, en todas sus formas —volar, zarandear, deslizar…—, constituye una parte imprescindible en un look, más allá de colores o tendencias. Porque el movimiento es vida.
El cuerpo no es un maniquí: llega tarde, abraza, se sienta, baila, levanta una copa y brinda. Una boda es el escenario perfecto para el movimiento y, sobre todo, para que nuestro look contribuya con la libertad que este requiere. Se trata de encontrar piezas que no nos obliguen a permanecer inmóviles. Son volantes, asimetrías, drapeados, flecos o paillettes que rompen con la norma e intervienen en cada momento de la celebración.
Hay algo que le sienta de maravilla al movimiento y es la joyería concebida para acompañarlo. Las colecciones RABAT, elaboradas en oro y diamantes naturales, destacan por diseños que dialogan con el cuerpo y evolucionan con cada gesto. Con una estética atemporal en la que las curvas, las líneas orgánicas y la luz cobran protagonismo, sus formas encuentran en el movimiento su mejor escenario. Solas o combinadas entre sí, las joyas RABAT aportan una elegancia fluida y versátil que se adapta a cada estilo y acompaña cada momento de la celebración.
El dos piezas
La unión de chaqueta y falda (mini o midi) da como resultado un sinfín de propuestas y siluetas. Los trajes que se combinan, tanto en oficinas como en bodas, tienen como denominador común esa estética ochentera que no conoce la mesura. Dentro de todas su variedad, elegimos el dos piezas con volantes en clave arquitectónica, casi escultórica, que dibuja una nueva silueta. La pulsera de RABAT Waves hará que el movimiento de la chaqueta se prolongue hasta más allá del final de la manga.

La perfección de lo imperfecto
La asimetría es una lucha de equilibrio entre dos partes: la que intenta menguar y la que quiere aumentar para hermanarse. De ese movimiento surgen los escotes que muestran un hombro, las faldas que terminan en diagonal, las mangas huérfanas o el arte de colocar un chal sobre un hombro, que además es una de las tendencias más reiteradas de este otoño —la verás incluso en abrigos— y una de las opciones más elegantes en las fiestas. Este ritmo de contrarios nos permite jugar con la joyería de una manera nada previsible: los pendientes de RABAT Waves no parecen los mismos dependiendo del lado en el que se encuentren.

El arte del drapeado
Pocas cosas resultan tan favorecedoras en un look de invitada como un drapeado bien ejecutado. El tejido se recoge, se pliega y vuelve a abrirse creando una silueta que parece diferente con cada movimiento. Incluso tiene algo de hipnótico. Los pendientes de oro de RABAT Waves acompañan con su diseño ondulado a la silueta circular que resulta de la técnica de doblar hasta conseguir una sucesión de pliegues perfectos que cambian en cada movimiento.

Que todo fluya
Plumas, encajes, organzas, sedas o paillettes: todo encaja en un slip dress. La confección de inspiración lencera nos lleva a desplazarnos de manera relajada y suave, con una fluidez romántica que conecta con RABAT Waves. Los diamantes sobre el oro blanco capturan la luz y la devuelven a través de destellos que corren por la curvatura de la pulsera en una sucesión de reflejos que nunca son iguales, lo que aumenta esa sensación de movimiento.

Minimalismo escultórico
Las ondas se transforman ahora en mangas de volumen extremo que parecen creadas en un taller de escultura. La silueta de triángulo invertido, propiciada por hombreras pronunciadas o tops abullonados, es otro de los patrones imprescindibles entre las tendencias de invitada para las bodas de esta temporada otoño-invierno.
