Chopard Manufacture: Tres Décadas de Independencia y Savoir-Faire Relojero

20 Oct 2026

Con motivo del 30.º aniversario de Chopard Manufacture, viajamos a Ginebra para encontrarnos con Karl-Friedrich Scheufele. Impulsor de la aventura manufacturera de la Maison y una de las figuras más influyentes de la relojería contemporánea, reflexiona sobre tres décadas de independencia, innovación y pasión mecánica.

A las afueras de Ginebra, con los Alpes como telón de fondo, Karl-Friedrich Scheufele, copresidente de Chopard y principal artífice del desarrollo relojero de la Maison, nos recibe en una estancia repleta de libros, objetos y recuerdos que recorren la historia de la compañía. Situada junto al museo que conserva más de siglo y medio de patrimonio relojero y joyero de Chopard, ofrece el escenario perfecto para conversar sobre tradición, innovación y visión a largo plazo.

Es también el lugar idóneo para conocer a alguien para quien la tradición y la innovación no son fuerzas opuestas, sino dos expresiones de una misma filosofía. Hablamos de Chopard y de Alta Relojería, pero también de otras pasiones estrechamente ligadas a su universo personal: los automóviles clásicos, la legendaria Mille Miglia y su duradero interés por el vino y la viticultura.

En el centro de nuestra conversación se encuentra, sin embargo, un hito especialmente significativo: el 30.º aniversario de Chopard Manufacture, uno de los proyectos más ambiciosos emprendidos por la familia Scheufele y una etapa decisiva para reforzar la independencia, la creatividad y el saber hacer relojero de la Maison.

RABAT entrevista a Karl-Friedrich Scheufele de Chopard

Chopard es una de las pocas grandes casas relojeras que siguen siendo independientes y familiares. ¿Qué significa eso para la compañía hoy?

En la industria relojera quedan muy pocas empresas que permanezcan en manos de una familia, y menos aún aquellas que cuentan con la implicación activa de varias generaciones en la dirección del negocio.

Somos plenamente conscientes de que ocupamos una posición privilegiada. Una de nuestras mayores ventajas es la libertad de pensar a largo plazo y emprender proyectos que no estén condicionados por la necesidad de obtener resultados inmediatos.

Nos movemos en un universo profundamente artesanal donde el tiempo es esencial. Dominar un oficio lleva años, igual que desarrollar y materializar determinadas creaciones. Poder respetar esos tiempos, sin comprometer nuestra visión, es probablemente una de las mayores fortalezas que nos brinda nuestra independencia.

Familias Scheufele y Rabat

Esa independencia acabaría dando lugar a uno de los proyectos más importantes de la historia reciente de Chopard: la creación de su propia Manufactura. Cuando se incorporó a la compañía, ¿ya tenía esa ambición?

Me incorporé a la empresa muy joven, con alrededor de veinticuatro años, y desde el principio orienté mi carrera hacia la relojería mecánica. Sentía una enorme curiosidad y, sobre todo, muchas ganas de aprender. Fue entonces cuando comprendí que, aunque Chopard ya había alcanzado el éxito en numerosos ámbitos, todavía quedaba mucho camino por recorrer en el desarrollo de movimientos propios.

A principios de los años noventa propuse al consejo familiar dar un paso más hacia la independencia. Para lograrlo, era fundamental desarrollar nuestros propios calibres. Los primeros proyectos comenzaron en 1992 y, cuatro años más tarde, en 1996, inauguramos nuestra primera Manufactura.

Karl-Friedrich Scheufele, copresidente Chopard

Treinta años después, ¿qué es lo que más orgullo le produce al mirar atrás?

Hoy celebramos su trigésimo aniversario y, al mirar atrás, me doy cuenta de todo el camino recorrido. Recientemente incorporamos la Grande Sonnerie a la colección L.U.C con el L.U.C Grand Strike, pero más allá de dominar una complicación de semejante magnitud, lo verdaderamente importante es haber alcanzado una madurez plena en el desarrollo de nuestros movimientos.

Y no solo dentro de L.U.C. Poder crear nuestros propios calibres para colecciones como Happy Sport o Alpine Eagle ha cerrado, en cierto modo, el círculo. Hoy podemos afirmar que Chopard es una empresa verticalmente integrada, capaz de dominar internamente todos los componentes esenciales de un reloj.

RABAT entrevista Karl-Friedrich Scheufele de Chopard

Si hoy hablamos de la madurez de la Manufactura, todo comenzó con un reloj: el L.U.C 1860. ¿Qué hizo tan especial al calibre L.U.C 1.96?

Creo que en 1997 el mundo de la relojería reconoció la importancia de aquel reloj. Treinta años después, me produce una enorme satisfacción comprobar que el calibre 1.96 se ha convertido en un movimiento de referencia dentro de la relojería contemporánea.

Desde el principio quisimos crear un calibre innovador, pero profundamente respetuoso con la tradición relojera. Introdujimos un sistema de doble barrilete y un microrrotor, además de insistir en que el movimiento estuviera certificado.

Esa combinación era muy poco habitual en 1997. Los movimientos con microrrotor existentes pertenecían en su mayoría a generaciones anteriores, de los años setenta, ochenta o incluso anteriores. El nuestro representó el inicio de una nueva generación.

Creo que ahí reside gran parte de su relevancia, ya que la filosofía que inspiró aquel primer calibre ha guiado todo lo que hemos desarrollado desde entonces.

L.U.C Grand Strike – 161994-1001

Esa búsqueda de la excelencia siempre ha estado acompañada de certificaciones independientes como el COSC, la Fundación Qualité Fleurier o el Punzón de Ginebra. ¿Por qué han sido siempre tan importantes para usted?

Es una elección muy personal y, al mismo tiempo, una parte esencial de nuestra filosofía relojera. Siempre he creído que una certificación externa aporta valor porque ofrece una perspectiva independiente y, por tanto, más objetiva sobre nuestro trabajo.

También nos obliga a mantener estándares extremadamente elevados. No se trata únicamente de lo que nosotros afirmamos sobre nuestros relojes, sino de someterlos voluntariamente a criterios reconocidos y definidos fuera de la propia empresa.

Desde el principio fue importante para mí contar con esa validación independiente de nuestro trabajo y de nuestra búsqueda de la excelencia. Por eso hemos seguido haciéndolo.

Actualmente, Chopard cuenta con dos centros dedicados al desarrollo y producción de movimientos. ¿Cómo se complementan Chopard Manufacture y Fleurier Ébauches?

Chopard Manufacture está dedicada a nuestras creaciones relojeras más sofisticadas, a series de producción más reducidas y, especialmente, a los movimientos desarrollados para la colección L.U.C. Fleurier Ébauches, por el contrario, nos permite producir calibres destinados a otras colecciones de la Maison y trabajar con diferentes volúmenes de producción. Fleurier Ébauches se creó aproximadamente diez años después de Chopard Manufacture y cada una cumple una función distinta.

También existe una diferencia en el nivel y la naturaleza de los acabados, especialmente en aquellas creaciones realizadas por Chopard Manufacture que deben cumplir estándares como los exigidos por el Punzón de Ginebra.

Además, la experiencia y las capacidades desarrolladas en la Manufactura nos permitieron recuperar y devolver a la vida el legado de Ferdinand Berthoud. Pero quizá esa sea una historia para otra conversación.

Alpine Eagle 41 XP TT – 298630-3001

Mirando atrás, ¿cuál fue el mayor desafío durante los primeros años de construcción de la Manufactura?

Sin aquellos primeros pasos en Chopard Manufacture, probablemente nada de lo que vino después habría sido posible. Nuestro primer movimiento nos obligó a enfrentarnos a todo tipo de desafíos. Literalmente partíamos de una hoja en blanco.

Eso significaba replantear cada componente desde cero y construir un reloj siguiendo nuestras propias ideas y nuestra propia visión de la relojería. Fue una experiencia de aprendizaje extraordinaria.

Treinta años después, al contemplar el camino recorrido, creo que podemos afirmar que fue la decisión correcta.

Alpine Eagle 41 XP TT – 298630-3001

Treinta años después de la creación de Chopard Manufacture, la Maison ha alcanzado una de las complicaciones más prestigiosas de la relojería con el L.U.C Grand Strike. ¿Representa la realización de un sueño?

Cuando uno emprende una aventura como la de Chopard Manufacture, hay ciertos hitos con los que sueña alcanzar algún día. Para mí, uno de los más importantes era la Grande Sonnerie. Estaba convencido de que, después de treinta años de trayectoria, habíamos adquirido el conocimiento y la madurez necesarios para afrontarla.

Lo que distingue nuestra interpretación es, sobre todo, el nivel de innovación que quisimos incorporar. El proyecto ha dado lugar a nada menos que diez patentes, pero para mí el aspecto más extraordinario es el esfuerzo humano que hay detrás: más de 11.000 horas de trabajo.

Fue un auténtico logro colectivo, casi una empresa conjunta que reunió a un gran número de especialistas. Ese espíritu de colaboración es uno de los aspectos que más disfruté.

Además, se trata de una creación excepcional por naturaleza. Su producción será extremadamente limitada, apenas una o dos piezas al año.

Karl-Friedrich, Karl & Karl-Fritz Scheufele

Alpine Eagle ocupa un lugar muy especial en la historia reciente de Chopard. ¿Cómo nació una colección concebida por tres generaciones de la familia Scheufele?

Hablar de Alpine Eagle nos lleva inevitablemente al St. Moritz, un modelo de los años ochenta. Fue el primer gran proyecto que lideré tras incorporarme a la empresa. En aquella época quería introducir un reloj diferente: deportivo pero elegante, con brazalete de acero. Mi padre no estaba convencido al principio, pero logré persuadirlo y finalmente lanzamos el St. Moritz en dos tamaños. Fue un éxito inmediato.

Con el tiempo quise evolucionar hacia una relojería más mecánica y el St. Moritz terminó convirtiéndose en una pieza de coleccionista que hoy puede verse en nuestro museo.

Años más tarde, mi hijo Karl-Fritz mostró un interés especial por aquel reloj y me pidió poder llevar el mío. Poco a poco, y con el apoyo de su abuelo, me convenció de que había llegado el momento de reinterpretar el St. Moritz.

De esa conversación entre tres generaciones nació Alpine Eagle. Por eso es una colección tan especial para nosotros, porque probablemente sea el único proyecto de la industria concebido gracias a la colaboración de tres generaciones de una misma familia.

Alpine Eagle Cadence 8Hz – 298600-3038 y 298600-3020

¿Qué Alpine Eagle representa mejor su visión de la colección?

Hay varios modelos que me gustan especialmente. Si tuviera que elegir uno, probablemente sería el Alpine Eagle Cadence 8HF, que es precisamente el que llevo hoy. Es una creación de Chopard Manufacture impulsada por un movimiento de alta frecuencia que oscila a 8 Hz en lugar de los habituales 4 Hz, algo que encuentro especialmente interesante en un reloj deportivo. Además, está fabricado en titanio, por lo que resulta extraordinariamente ligero.

También elegiría un Alpine Eagle equipado con un movimiento L.U.C, como el Alpine Eagle 41 XPS. Es una pieza excepcionalmente fina y elegante que establece un vínculo directo con el L.U.C 1860. Para mí, representa la unión perfecta de dos universos emblemáticos de Chopard en un solo reloj.

Alpine Eagle 41 XP CS Gold – 295396-5001

La sostenibilidad se ha convertido en uno de los pilares de la Maison. ¿Qué papel desempeña Lucent Steel™ dentro de esta visión?

Como empresa familiar, llevamos mucho tiempo reflexionando sobre la sostenibilidad y sobre nuestra responsabilidad en la manera de producir. Comenzamos a abordar estas cuestiones de forma especialmente decidida en torno a nuestro 150.º aniversario, en 2010, cuando empezamos a trabajar estrechamente en estos temas y a colaborar con WWF. Esa colaboración nos ayudó a avanzar y comprender mejor los desafíos que teníamos por delante.

En 2018 pudimos anunciar que todo el oro utilizado por Chopard procedía de fuentes responsables. Cuando lanzamos Alpine Eagle al año siguiente, resultó natural aplicar la misma reflexión al acero.

Queríamos incrementar el uso de acero reciclado y establecimos una colaboración con un importante productor siderúrgico que hoy nos suministra acero con hasta un 85 % de material reciclado.

Para nosotros, este compromiso es fundamental y se extiende a toda nuestra actividad, desde nuestros edificios hasta la manera en que utilizamos nuestra maquinaria. Los materiales están en el centro de esta transformación porque constituyen la esencia física de todo lo que creamos.

La relojería y los automóviles clásicos parecen compartir un mismo lenguaje. Después de décadas vinculado a la Mille Miglia, ¿qué sigue fascinándole de ese mundo?

Mi padre es probablemente el principal responsable de mi pasión por los automóviles. Desde muy joven me transmitió el deseo de comprenderlos y coleccionarlos.

Siempre me ha fascinado la ingeniería de los coches clásicos, pero también su diseño y su belleza. Son cualidades que continúo encontrando en la relojería mecánica. Los grandes automóviles de las décadas de 1930, 1940 y hasta los años setenta permiten entender perfectamente cómo funcionan. La electrónica es mínima o inexistente. La mecánica está ahí, a la vista.

Esa ingeniería habla de precisión, movimiento y funcionalidad. Exactamente los mismos conceptos que encontramos en un reloj mecánico. Para mí, ambos mundos están profundamente conectados.

La Mille Miglia sigue apasionándome porque es mucho más que una carrera. Celebra la historia y la cultura de los automóviles deportivos, del automovilismo, de la ingeniería y del glamour asociado a aquellas grandes épocas del motor.

El próximo año la Mille Miglia celebrará su centenario y estoy deseando descubrir lo que traerá esa edición. Naturalmente, ya estoy pensando en cómo trasladar un aniversario tan importante a un reloj que esté a la altura del acontecimiento.

Mille Miglia 168619-3001, 168619-4001, 168619-3004 y 168619-3003

Chopard y la Mille Miglia están unidas desde 1988. ¿Por qué esa asociación sigue pareciendo tan natural después de casi cuatro décadas?

Especialmente en los primeros años de la Mille Miglia, los automóviles y los relojes compartían numerosos valores. Ambos universos estaban profundamente arraigados en la artesanía y en una ingeniería extraordinaria.

Los coches clásicos que participan hoy conservan ese espíritu. Mantienen sus diseños originales, carrocerías de aluminio, interiores de cuero y materiales que transmiten autenticidad y una conexión directa con el objeto.

En ese sentido, encuentro muchos paralelismos con la relojería tradicional. Pocos mundos me parecen tan estrechamente relacionados como el de los automóviles clásicos y el de los relojes mecánicos.

Además de la relojería y los automóviles, el vino ocupa un lugar importante en su vida. ¿Qué le ha enseñado sobre el tiempo y la paciencia?

La relojería requiere una enorme paciencia, especialmente cuando se desarrollan nuevos movimientos. El recorrido que empieza con una idea y termina con un reloj plenamente realizado puede durar muchos años.

El vino, sin embargo, es quizá la prueba definitiva de la paciencia humana, porque nunca se puede controlar todo. Los factores externos, especialmente el clima y la naturaleza, determinan en última instancia si lo que se produce se convertirá en una gran añada.

En relojería tenemos mucho más control. Podemos tomar decisiones, motivar a nuestros equipos, encontrar soluciones y, por supuesto, cometer errores. Pero al menos son nuestros propios errores.

En el vino, tantas variables permanecen fuera de nuestro control que, cuando una nueva cosecha llega finalmente a la botella y resulta exactamente como se esperaba, la satisfacción es inmensa.

Trabajar con el vino me ha enseñado una apreciación aún más profunda del tiempo, la paciencia y la extraordinaria cantidad de esfuerzo que se esconde detrás de algo aparentemente tan sencillo como una botella.

Mille Miglia Raticosa – 168619-3020

Después de más de cuatro décadas en Chopard y treinta años de Chopard Manufacture, ¿qué es lo que más le entusiasma del futuro?

Lo que más me entusiasma es que seguimos teniendo la libertad de crear y de seguir aprendiendo. La relojería es un universo infinito y todavía quedan muchos territorios por explorar. Ver cómo una nueva generación se implica en la Maison y continúa construyendo sobre todo lo que hemos creado durante estos años resulta enormemente gratificante.

La historia de Chopard siempre ha sido una historia de transmisión, pasión y visión a largo plazo. Espero que esos valores sigan guiándonos durante muchas décadas más.

también te puede interesar