Después de la revolución desatada hace ya casi tres años con el anuncio de la compra de Universal Genéve por parte de Breitling se hace bastante difícil escribir algo sobre la marca que no haya salido ya en redes o en sitios especializados, así que tal vez lo mejor sea empezar por una experiencia personal. Porque, efectivamente, Universal Geneve está en el origen de mi afición por los relojes. Mi abuelo materno manejaba un reloj -de hecho el único que le recuerdo- con caja «plateada» (o sea, no de oro) y una esfera negra (yo no sabía que se llamaba esfera a esa parte de un reloj) cruzada de norte a sur y de este a oeste por sendas líneas blanca muy finas.

Esos eran mis únicos datos cuando en los años 80 recorría las relojerías de todo tipo describiendo esas características tan vagas a los distraídos dependientes. Mi abuelo había fallecido hacía tiempo y a mí ni siquiera se me había ocurrido preguntarle a mi abuela si lo conservaba. Hasta que un día, durante una conversación casual en su casa, salió el tema de los relojes y su utilidad para tomar las pastillas: «Por cierto» dije, «¿qué fue del reloj del abuelo?». Si mediar palabra, se dio la vuelta, abrió un cajón, y de debajo de un montón de ropa inidentificable sacó una bombonera roja con una U dorada en una de sus esquinas. Dentro apareció un Polerouter Date con aspecto de haber pasado una guerra: el cristal de plexiglass -con su lupa trapezoidal- rajado, la caja con marcas de todo tipo aunque ninguna grave, por suerte. Me lo dio sin más y en los siguientes meses me apliqué a darle el cariño del que, estaba claro, había carecido a lo largo de toda una vida de servicio. Desde entonces han entrado y salido bastantes relojes en mi caja, pero este es sin duda la joya de mi modesta corona y, por supuesto, intransferible.

Ahora sí, la cronología. A finales del siglo XIX lo más parecido a las idílicas montañas donde los campesinos construían relojes durante el frío invierno era La-Chaux-de-Fonds y la vecina localidad de Le Locle, donde con el tiempo se había ido estableciendo el núcleo de la industria relojera suiza. Ginebra, por su parte, era el lugar donde los relojes procedentes de las dos primeras se decoraban (esmaltes, cajas de oro, grabados) y, por fin, se comercializaban. Así, Universal Watch fue fundada un 18 de enero de 1894 en Le Locle por dos relojeros, Numa-Emile Descombes y Ulysse-Georges Perret, ambos nacidos en esa misma localidad. El objeto de la empresa, según el documento fundacional, era «la fabrication des boites, des cuvettes, des cadrans, de mouvements, d’etuis et d’emballages de montres«. Vamos, lo que hoy entendemos por manufactura.

Poco después ampliaron el repertorio con «muelles y otra fornitura». Siendo esa época la del auge del ferrocarril, pero sobre todo la del acuerdo para dividir el mundo en 24 husos horarios y lo que esto significó para el mismo (Conferencia de Washington de 1884), también registraron los nombres de «La Meridiana», «Cronometro Ferroviario» o «Uso Ferrovie». Descombes falleció en 1897, con solo 34 años, y Perret encontró un nuevo socio en Louis Berthoud, creando con él la empresa Perret & Berthoud a la que transfirieron todos los activos de la Universal Watch.

No solo el ferrocarril estaba en auge. El inicio del siglo XX trajo consigo el interés por las carreras de automóviles, los aeroplanos y los relojes de pulsera, hasta entonces limitados a las muñecas femeninas como simple adorno. De algún modo los dos socios estuvieron alerta de estas cosas, lo que ya en 1898 les llevó a registrar la marca «Universal Watch Extra», que describía un cronógrafo de 30 minutos con un pulsador a las seis, aunque su primer reloj de pulsera con semejante complicación (con un calibre suministrado por Martel) no llegaría hasta 1917.

Para ese entonces, 1918, el volumen de negocio ya era lo suficientemente importante como para abrir una tienda y oficina comercial en Ginebra, en el 48 de la rue du Stand, mientras los talleres de producción permanecían en Le Locle. No durarían mucho ahí: en 1921 se instalan en el 43 de la prestigiosa rue du Rohne, el edificio colindante con el de Patek Philippe. En 1927 aparece en el mercado el Cabriolet, un reloj de forma rectangular -posiblemente influenciado por el coetáneo Reverso de JLC- que contenía un calibre con ocho días de reserva de marcha. Cabe decir que su duración en el catálogo fue efímera debido a que la tremenda fuerza del muelle real, que sometía a todo el mecanismo a unas tensiones insoportables, impedía al calibre ser mínimamente preciso.

1933 marca un hito importante en la historia de la marca: Georges Perret fallece a los 65 años y es su hijo Raoul quien toma el mando. En plena resaca de la recesión económica mundial, y ayudado por un pequeño pero entusiasta grupo de inversores, decide concentrar todas las actividades de la empresa en Ginebra, dando inicio a la era dorada de la empresa. Al año siguiente se registrarían los nombres Compur, Compax, Contax, Supra, Universalis, Universteel, y otros, y se cambió la denominación de Perret & Bethoud por la de «Universal Watch Co. Ltd. Geneva». Además, Baselworld (que ya existía aunque todavía no se llamaba así) vio la presentación del primer cronógrafo de la marca con dos pulsadores y doble rueda de pilares, el Compur. Pero tal vez la mayor aportación de Raoul Perret no fuera tanto de tipo técnico como de concepto, ya que supo ver la importancia del reloj como complemento más allá de su utilidad como herramienta, y se preocupó de que sus productos, además de útiles, fueran atractivos. Se podría decir que el apelativo «Couturier de la montre» tuvo aquí sus inicios.

Fueron años intensos. Debido a que la esposa del fundador primigenio Descombes era italiana, Italia había sido el primer bastión de la expansión internacional de la Universal Watch Co. Ltd. Geneva. Ahora habían decidido apostar por abrir una sucursal en Barcelona (después de la de Madrid en 1910) para lo que en 1936 enviaron a un joven (23 años) llamado Carlo Sarzano. Lamentablemente para todos, el estallido de la guerra civil española frustró este intento, obligando al joven piamontés a regresar a Suiza, donde acabaría fundando su propia marca, SarCar, en 1948 (y que todavía existe, por cierto).

Fue también en 1936 cuando se lanzó el Uni-Compax, un cronógrafo con segundero continuo y contador de 45 minutos que poco a poco iría sustituyendo al Compur. Y me gustaría hacer aquí un alto para tratar de explicar el galimatías de Compax, UniCompax, TriCompax… y la inexistencia de BiCompax, al menos en la nomenclatura de Universal Geneve. Esa nomenclatura no tiene absolutamente nada que ver con la cantidad de contadores (a poco que uno se fije, no dan ni una), sino con las complicaciones que tiene el reloj. Así, Compax o UniCompax se refieren al cronógrafo, sin más. No hay ningún UniCompax ni Compax que muestre fecha. El TriCompax se explica precisamente por sus tres complicaciones: cronógrafo, fecha y fases lunares. La cuarta subesfera a las doce, que comprende la fecha del mes y las fases lunares, complementa las de segundos continuos y los acumuladores de minutos y horas. Lo cierto es que sí hay un crono con fecha, pero Universal Geneve decidió bautizarlo como Dato Compax en lugar de BiCompax. Otra cosa es que los aficionados, muchos de ellos sin conocer los cronos de UG, hayan hecho sus propias -y erróneas- deducciones.

Respecto a la diferencia entre Compax y Compur, como se marcaron también los cronógrafos de dos contadores, la explica la propia marca en una publicidad de la época:
Compur totaliza en minutos y fracciones de minutos la duración de una corta observación (45 minutos) incluso si queda interrumpida varias veces.
Compax registra largas observaciones (12 horas) incluso interrumpidas varias veces, gracias al contador supletorio, totalizando las horas y sus fracciones.
1937 es el año en el que la empresa tomará el nombre que ha llegado hasta hoy: Universal Geneve. Además, se dotó de un logo reconocible como era el escudo conteniendo el nombre, la mitad de una rueda (más bien un engranaje) y la mitad de una esfera de reloj. A pesar de que la industria relojera estaba viviendo uno de sus peores momentos, Universal Geneve no daba abasto para cubrir la demanda de sus productos, lo que la llevó a a establecer alianzas estratégicas con sus proveedores, y uno en concreto.

El TriCompax, presentado en la feria de Basilea en 1944 (50 aniversario de la marca), es la culminación en la saga de cronógrafos de Universal Geneve, siempre con calibre proporcionados por Martel, el fabricante que lo venía proveyendo desde 1917. Debido a que la ampliación y modernización de la factoría en 1942 acabó llevando el nombre de Universal en la fachada, muchos han confundido a este especialista en calibres cronográficos con la propia manufactura de UG, cuando en realidad fue algo progresivo y ni siquiera permanente: en 1942 Raoul Perret, presidente de UG, compró la mayoría de las acciones de Martel, pasando a ser su presidente. Algo así como cuando Rolex compró Aegler, su proveedor de calibres de toda la vida. Martel, además de suministrar a UG (y a Vacheron Constantin, y a Jaeger LeCoultre), proveía también a Zenith, hasta el punto de que por una cuestión de sinergias era la propia UG quien suministraba a ésta algunos modelos ya terminados, básicamente porque Perret *también* estaba en el consejo de administración de Zenith.

En 1956 UG desinvierte en Martel y Raoul Perret abandona la empresa. Finalmente es Zenith quien compró Martel (1959) convirtiéndola en una división propia (UG siempre la mantuvo independiente) y a la que casi enseguida (1962) puso a desarrollar lo que acabaría siendo el calibre cronográfico automático El Primero, que debería haber aparecido en 1965, por el centenario de Zenith, pero que por circunstancias se demoró hasta 1969. Al abandonar Martel, Universal Geneve dirige su mirada hacia los fabricantes Lemania y Valjoux, usando el Valjoux 23 para su Uni Compax y el famoso Valjox 72 (también utilizado por Rolex) para su Compax.

Volviendo al TriCompax, su éxito, apoyado en una masiva campaña publicitaria, fue fulgurante, convirtiéndose de la noche a la mañana en el best-seller de la marca alrededor del mundo, hasta el punto que en 1945 se pudo ver en la muñeca del presidente norteamericano Harry Truman en la conferencia de Postdam. La distribución de la marca en los Estados Unidos se había confiado a la agencia de Henry Stern, el mismo que tres años antes había comprado la manufactura Patek Philippe. Stern contribuyó al éxito de UG en el país invirtiendo considerables sumas en publicidad, y el equipo norteamericano participante en las 24 horas de Le Mans de 1950 usó cronógrafos Compax para cronometrar sus bólidos, según un anuncio en la prensa de la época. En esa década Universal Geneve ya se distribuía en más de 40 países: además de en Europa Y Estados Unidos, estaba presente en mercados tan exóticos como China, Filipinas Tailandia o Venezuela gracias al buen hacer de René Perret, hermano menor de Raoul.

1945 fue también el año en el que UG incorporó a su oferta el Dato Compax (cronógrafo de tres contadores con un cuarto a las doce para la indicación de fecha por aguja y no, no era «bicompax») y el Medico Compax, con un pulsómetro en su realce. También el Aero Compax, cuya cuarta subesfera a las doce tiene la apariencia de un pequeño reloj subsidiario pero que en realidad es un «recordatorio» («memento») para un evento futuro: las agujas se mueven gracias a la corona a las nueve, pero no tienen ninguna otra función ni están conectadas al calibre. Más que la estandarización, la clave para producir semejante rango de calibres cronográficos (numerados 281, 283, 285, 287, 289 y 282) radica en la intercambiabilidad de piezas que los relojeros de la Martel habían diseñado de partida, teniendo en cuenta que se trataba siempre de calibres de carga manual: el después famoso El Primero no llegaría hasta 1969, con la manufactura ya propiedad de Zenith, como se ha dicho.

A pesar del enorme éxito de los cronógrafos los relojeros de UG no se durmieron en los laureles y volvieron su atención hacia los calibres automáticos para los relojes de tres agujas. En 1948 (un año después del fallecimiento de Louis Berthoud, co-fundador de la marca) se presentó el calibre 138SS, el primer «bumper» (también conocido como de martillo) de la marca. Este sistema consiste en una masa oscilante que no tiene un giro de 360 grados sino que «rebota» (“bump”) entre dos muelles para poder cargar el muelle real. No solo en la parte mecánica: en la feria Montres et Bijoux de Ginebra de 1950 Universal Geneve presenta sus primeros relojes con esferas esmaltadas, dirigidos a los mercados más pudientes, que en esa época ya eran los emiratos del petróleo, de ahí que se produjeran bastantes unidades con el mapa de distintos países árabes como motivo. En 1958 fue noticia el encargo a UG de 50 relojes de oro con la efigie del rey Faisal.

Todavía con los cronógrafos, Universal Geneve presentó en la feria de Basilea de 1953 el primer Tri-Compax sumegible, con un sistema patentado para impermeabilizar tanto la caja como los pulsadores. Se puede decir, con poco margen de duda, que los años que van de 1950 a los primeros 60 son los más brillantes de la ya entonces exitosa historia de la marca: en 28 de abril de 1954 se inaugura en Carouge, a las afueras de Ginebra, una nueva planta de producción considerada la más avanzada de su época. Grandes ventanales cubrían el 60% de su fachada, había un sistema de «hilo musical» que sonaba por todo el edificio y la hora exacta la suministraba un sistema de relojes de cuarzo, lo más avanzado en precisión del momento (y futura fuente de quebraderos de cabeza para la industria suiza, como pronto se vería). Aun así, se mantuvo la sede de la Rue du Rohne -con fachada al Grand Quai y al lago- donde se instaló el showroom y la exposición permanente de producto.

Llegamos ahora a lo que tal vez sea la parte más conocida de la historia de UG. En 1955, muy poco después de inaugurar la factoría de Carouge, es presentado un reloj llamado inicialmente Polarouter (más tarde Polerouter) que iba a servir para inaugurar la ruta polar de la compañía aérea SAS. La ruta polar ya se había realizado en 1926 en un dirigible -el Norge, de Amundsen-, aunque fue más una hazaña de pionero que un tema práctico. A partir de los años 50 del siglo pasado los avances tecnológicos en aviación (aviones de gran autonomía con cabinas presurizadas, motores resistentes a las bajas temperaturas, sistemas de comunicación…) permitieron empezar a usarla regularmente para ahorrar tiempo y combustible.

El 15 de noviembre de 1954, a las 19:18 hora local, el Douglas DC-6 B «Helge Viking» (OY-KMA) despegó de Copenhague para su primer vuelo sobre el Polo Norte con destino a Los Ángeles, llevando a bordo a los presidentes de Suecia, Noruega y Dinamarca acompañados de una escogida élite de periodistas. No es algo que se cuente a menudo cuando se habla de esta hazaña moderna, pero este vuelo se hizo en dos etapas, con una escala en Winnipeg (Canada). El viaje duró 27 horas y 15 minutos, y llegó con solo 3 minutos de retraso sobre el horario previsto. Viendo el aparato, parecería que la época aventurera no había terminado…

En realidad, el Universal Geneve Polarouter no tenía ninguna característica particular que lo hiciera más idóneo que cualquier otro reloj para ese tipo de vuelo (el “antimagnetismo” era ya moneda común), pero es precisamente ahí donde se ve el genio comercial de René Perret, que consiguió vincular -y cómo- uno de sus productos a este evento mundial. La compañía SAS (Scandinavian Airlines System) dotó con estos relojes a sus tripulaciones desde el mismo vuelo inaugural. El Polarouter se vio tocado además por la mano milagrosa de un entonces jovencísimo Gerald Genta haciendo de este reloj el más recordado y reconocido de la marca incluso décadas después de su desaparición.

Así, el Polarouter, con su aro de tensión interno al cristal de plexiglass, no solo era un reloj original, sino que además era atractivo estéticamente, lo que lo convirtió en un éxito de ventas desde el mismo momento de su lanzamiento a pesar de que su precio era equiparable al de un Rolex Explorer. El calibre era el ya mencionado “bumper”, aunque la auténtica revolución llegó en 1955, con el 215, un calibre automático al que más tarde UG bautizó «Microtor», equipado con una pequeña masa oscilante integrada en el movimiento y que había desarrollado en colaboración con la Buren Watch Co., la misma que catorce años después colaboraría con Breitling, Hamilton y Heuer para competir con Zenith por presentar el primer cronógrafo automático (aunque algunas fuentes afirman que no fue así y que Buren llegó a demandar a UG por plagio).

El enorme éxito del calibre 215 radicaba en su delgadez comparado con otros calibres automáticos de la época. Esto hizo que equipara la segunda generación de Polerouters (que habían cambiado su nomenclatura de Polarouter a Polerouter) presentada en la feria de Basilea de 1958. Esta diferencia de tres años entre 1955 y 1958 podría deberse a los problemas legales generados a partir de la supuesta demanda de Buren. Esta hipótesis se vería reforzada por la inscripción «Patented Rights Pending» (con la errata de “PatenDed en lugar de Patented) que aparecía bajo el rotor de los primeros ejemplares. Los Polerouter incrementaron su oferta original (Polerouter, Polerouter de luxe, Polerouter Date) con más referencias: Polerouter Jet, Polerouter Super, Polerouter Genève, Polerouter Compact, Polerourer «NS», Polerouter III y Polerouter Sub.

Se avecinaban tiempos difíciles. En 1960 Universal Geneve se acerca a Movado para compartir calibres y desarrollar nuevos productos. Ambas empresas estaban dirigidas por las familias fundadoras, tenían un tamaño similar y una fuerte presencia en el mercado norteamericano, pero no se llega a producir una fusión. En 1966, Montres Universal Perret & Berthoud SA, como se conocía entonces, es adquirida por el gigante estadounidense Bulova Watch Co. (Movado acabaría en el paquete de Zenith y Mondia). Universal empleaba a la sazón a 225 trabajadores en la fábrica de Carouge, que pronto empezó a producir relojes para ambas marcas. Pocos meses antes Hamilton había adquirido Büren.

Universal y Bulova mantuvieron cierta independencia en cuanto al desarrollo de producto y ventas, aunque Universal pudo aprovechar la tecnología de movimientos de diapasón de Bulova, lo que dio como resultado la introducción de la línea Universal Unisonic en 1968, mientras que Bulova aprovechó la experiencia en cronógrafos de UG para tratar de “colarse” en el programa espacial de la NASA a través de la Buy American Act. Universal utilizó posteriormente el emblema del diapasón de Bulova en la esfera de sus relojes, lo que generó cierta confusión entre ambas marcas.

En paralelo UG siguió investigando cómo hacer el calibre con micro-rotor todavía más delgado, algo que culminó en los calibres 66 y 67 (por los años 1966 y 1967, cuando fueron lanzados), que presentaban un sorprendente grosor de tan solo 2,5 mm. Esto dio pie a la serie “Shadow” (Golden Shadow para los relojes de oro, Gilt Shadow para los relojes chapados y White Shadow para los relojes de acero). El diseño de esto relojes (de sus cajas y esferas) fue igualmente confiado a Gerald Genta y, si bien no han trascendido hasta nuestros días con la fuerza del Polerouer, tienen una interesante historia detrás:

Ningún aficionado que vea un UG Golden (o White) Shadow por primera podrá evitar pensar en otro icono de la relojería: el Golden Ellipse de Patek Philippe, hasta el punto de pensar en dos alternativas: o bien el Ellipse es diseño de Genta, o bien Genta copió a Patek (algo por lo que el prolífico diseñador podría ponerte una demanda, supongo). La realidad -y está documentada- es que fue Patek quien se inspiró en el White Shadow para crear su Golden Ellipse. Y no lo dijo cualquier persona: Jean Daniel Rubelli, a la sazón diseñador interno de Patek y reconocido como el responsable del todavía best-seller de la marca de la cruz de Calatrava, dijo en una entrevista que de no haber existido Mr. Genta él nuca hubiera llegado al concepto elipse para desarrollarlo.

Casi una década después, en 1975, Universal lanzó el calibre 74, el movimiento de cuarzo más delgado del mundo. Aunque esto no mejoraba las cosas: la que una vez fue la modernísima fábrica de Universal en Carouge era cada vez menos rentable para el grupo Bulova y en marzo de 1983 anunciaba el cierre, cayendo la marca en una especie de edad oscura durante seis años (Montres Universal S.A. of Geneva), hasta que en 1989 sus activos y nombre son comprados por Stelux Holdings, un grupo de Hong Kong que ya poseía Titus y Cyma. Por suerte para él, y por evitarse asistir al declive y virtual desaparición de la otrora pujante empresa fundada por su padre, Raoul Peret había fallecido en 1973.

Bajo el control de Stelux se intentó reverdecer antiguos laureles, especialmente en 1994, cuando se cumplía el centenario de la fundación de la marca pero, y esto es una opinión personal, solo se consiguió diluir el prestigio acumulado durante tantos años de éxitos. La única nota positiva de esa época fue la subasta de Antiquorum 100 Years Universal Watch, donde se ofrecieron no menos de 150 lotes que se remataron por encima de su precio estimado. Había nostalgia, sí. Hubo otro intento de relanzamiento en 2005… con el mismo éxito: ninguno. También hubo varios intentos de compra por parte de nuevos emprendedores, como Guillaume Laidet, que ya había rescatado del olvido a Nivada y Vulcain, pero el grupo chino seguía esperando su oportunidad.
Esta oportunidad llegó en 2023 de la mano de Georges Kern, visionario CEO de Breitling que se había propuesto crear un grupo coherente que abarcara diferentes niveles de precio y del cual Universal Geneve iba a ser la joya de la corona. Desconozco cuánto tiempo llevaron las negociaciones, sólo sé que el el 12 de diciembre de ese año se comunicaba urbi et orbe el cierre de la operación por un monto cercano a los 70 millones de francos suizos. Como dijo Kern en ese momento. «Este regreso es un sueño que se ha convertido en una visión. Es un proceso en el que nos embarcamos con el mayor respeto y dedicación con el fin de ver el regreso de Universal Genève al lugar que le corresponde en la relojería».

Y puedo dar fe de ese respeto: hace pocas semanas -junio de 2026- se celebró la presentación oficial del nuevo catálogo de la nueva Universal Geneve, “el modisto de los relojes”, donde el mismísimo Georges Kern se encargó de explicarnos el cómo y el por qué de la estructuración de ese catálogo. Nos contó, además, que se habían reunido con expertos y coleccionistas de la marca para saber qué tenían que hacer, pero sobre todo para saber qué *no* debían hacer.

Las colecciones de la nueva Universal Geneve se estructuran como si fueran colecciones de moda: una Prét-a-porter con una oferta permanente o “fondo de armario” que incluye los Polerouter, Cabriolet, Disco Mini y el cronógrafo Compax. Después tenemos la colección Signature, con dos iconos poco conocidos como son el Dioramic o el Disco Volante (recordando el gran peso que tuvo el mercado italiano para la marca), un cronógrafo que, como todos los relojes de la nueva Universal Geneve, monta un calibre de manufactura con su icónico rotor de tres cuartos (ya no es microtor).

Siguiendo con el símil de la Alta Costura, UG propone “colecciones cápsula”, de temporada, edición limitada, de sus relojes pret-a-porter, tanto el Polerouter como el Cabriolet, el Disco Mini o el cronógrafo Compax. Tiradas cortas que solo se podrán adquirir durante un tiempo limitado. Finalmente, la colección de alta gama Couture representa la relojería artesanal en su máxima expresión. Desde brazaletes esculturales que ocultan esferas secretas hasta cajas adornadas con ópalo, zafiro y rubíes, cada pieza es totalmente personalizada.

Finalmente unas palabras de Georges Kern: “No queremos ser un Rolls Royce, no queremos ser un Lambo. Decidimos ser como Porsche”. Toda una declaración de intenciones en muy pocas palabras.