¿Y si me enamoro de los pendientes antes del vestido de novia?

14 Ago 2026

Todo empezó con unos pendientes. El vestido vino después.

Querida lectora.

¿Y si el look de novia empieza por una joya?

Sé que esta idea cuestiona un código nupcial socialmente establecido: la idealización del vestido como el eje vertebrador de toda novia e, incluso, del propio relato de una boda.

En mi caso, así fue. Todo empezó con unos pendientes.

Recuerdo que, de niña, frecuentaba una conocida calle comercial de mi ciudad. Soltaba la mano de mi madre y corría hasta la tienda de novias que allí había para descubrir cuál era el vestido que ocupaba el escaparate. La fascinación que me producían aquellos vestidos tan hermosos y especiales tenía algo de hechizo.

Ya puesta en confidencias, en la casa de mi abuela materna, en uno de los armarios, se guardaba el vestido de novia de la esposa de mi tío. Durante las largas tardes de siesta, me escabullía hasta aquella habitación, descolgaba el voluminoso vestido y me lo probaba en secreto. Fue mi juego favorito durante mucho tiempo.

Quizá tú también recuerdes haber imaginado, siendo niña, cómo sería tu vestido de novia.

Por eso me resulta tan curioso que, llegado el momento de organizar mi propio «sí, quiero», el vestido no fuera lo primero. ¡Mi flechazo fueron los pendientes! Los vi por casualidad un par de meses antes siquiera de saber que pasaría por el altar. Así que, cuando ese momento llegó, yo ya tenía muy claras dos cosas: que había encontrado a la pareja perfecta con quien quería comprometerme para toda la vida… y que aquellos serían mis pendientes de novia.

Eran unos pendientes de oro blanco, ligeramente largos y líneas esbeltas. Terminaban en una delicada silueta de lágrima recubierta por pequeños diamantes que capturaban la luz con cada movimiento. Iluminaban bellamente el rostro. Eran sofisticados, casi arquitectónicos. Aún hoy, siguen ocupando un lugar muy especial en mi joyero.

En el universo nupcial tendemos a hablar mucho sobre el “y algo azul”. Sin embargo, este fue mi “algo nuevo” de la tradición.

Una confección que te traigo porque cada vez que me detengo a contemplar las joyas de RABAT —y la filosofía que las acompaña— recuerdo aquella certeza: el vestido no fue mi primer sí. Lo fueron unos pendientes.

P.D. Quizá, como me ocurrió a mí, tu historia también empiece por unos pendientes. Así que te dejo con una selección de mis flechazos de RABAT Bridal.

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