¿Qué es lo que une a los relojes con el arte?

8 Jun 2026

La relojería y el mundo del arte siempre han tenido infinidad de paralelismos. Sin embargo, la pregunta yace hoy en día en otro ángulo: ¿se están convirtiendo los relojes en arte?

El mundo de los relojes tuvo una gran crisis de identidad hace algunas décadas. Durante aproximadamente doscientos años, su razón de existencia era la utilidad: eran necesarios para conocer la hora, entre otras cosas. Sin embargo, con la llegada de la computación y de métodos de regulación del tiempo mucho más avanzados —como la relojería atómica—, su lugar en el mundo ha cambiado. Es una realidad que, hoy en día, nadie lleva un reloj por necesidad o utilidad. Los apasionados podemos autoengañarnos diciendo que sí, que la desintoxicación digital es buena y que la desproporcionada suma que destinamos a estos objetos tiene sentido. Sin embargo, la realidad es otra.

Los motivos por los que se siguen comprando relojes ahora son otros y, en muchos casos, son cada vez más cercanos a aquellos por los que se compra arte.

Superación de la función

Es evidente que el cambio de «herramienta de precisión» a «objeto de contemplación» se ha completado. Llevamos relojes para poder disfrutarlos y admirarlos como objetos complejos y técnicos con un gran trabajo humano detrás. La ilustración ideal en este respecto sería, por ejemplo, comparar un fresco con un gotelé. Ambos tapan el color original del material de construcción, pero uno está hecho exclusivamente con ese objetivo y el otro cuenta con cientos de horas de trabajo altamente cualificado, resultando en algo que admirar y no que ignorar.

El trabajo humano

Continuando con este hilo de pensamiento, gran parte de lo que convierte a algunos relojes en verdaderas obras de arte es el trabajo humano de grandes profesionales. No es suficiente con que un reloj esté «hecho a mano» —ya que podrían ser mis manos las que faltasen al respeto al nombre guilloché—, sino que es la fama de quien esté realizando ese trabajo la que importa. Ya sea relojero o artesano, importa tanto el «quién» como el «qué».

Este nivel de reputación se consigue demostrándole a la industria tus estándares de trabajo y moral. Alguien como Rexhep Rexhepi, por ejemplo, tiene una fama de calidad y honestidad que le precede. Relojeros como François-Paul Journe están ya en otro plano, con un bagaje incuestionable y en estatus de artista.

La tridimensionalidad de los relojes

La relojería ha ido variando su trabajo dimensional a lo largo de las décadas. Originalmente, los relojes eran de pared, lo que daba lugar a muchos centímetros cuadrados en los que plasmar arte. Desde los grabados en la madera a los trabajos artísticos en todo tipo de metales, la tendencia fue hacia el empequeñecimiento de las piezas, haciendo que el real estate para demostrar maestría fuera cada vez más caro. Y ya no hablemos de los relojes de muñeca, donde el lienzo del diseñador se limitaba, prácticamente, a la esfera.

Sin embargo, una vez que la función pasó a un segundo plano, la tridimensionalidad de los relojes ha vuelto a ser parte de la ecuación. Marcas como Hublot han dado rienda suelta a artistas como Richard Orlinski para expresar su obra en 3D en las piezas, dando lugar a obras de arte completas que no están limitadas únicamente a la esfera. Este es también el lugar de trabajo de grandes diseñadores y artistas integrados dentro de la industria, como uno de mis favoritos y plurimencionado en estos artículos, Fabrizio Buonamassa, cuya visión espacial derivada de su pasión por la fotografía y el automovilismo le ofrece una cualidad de diseño de objetos sublime. Incluso, cuando se le da rienda suelta y se encuentra con personajes multiplicativos de creatividad como Max Büsser, objetos como el Bulgari x MB&F tienen lugar.

La apelación a gustos comunes

Marcas como Vacheron Constantin entienden excelentemente las sinergias entre la relojería y el arte. En su caso, explotan este conocimiento a través de su colección más basada en la técnica relojera y los métiers d’art, Les Cabinotiers. Desde 2019, la marca ginebrina tiene un acuerdo con el Museo del Louvre por el cual la propiedad intelectual de ciertas obras puede ser explotada por Vacheron, lo que permite realizar trabajos que van desde las piezas por encargo para coleccionistas especiales —que incluyen una visita privada tanto al Louvre como a la manufactura en Ginebra— a pequeñas colecciones cápsula como la actual sobre civilizaciones antiguas.

Desde Vacheron Constantin son perfectamente conscientes de que es difícil encontrar a un gran coleccionista de relojes que no tenga también una buena sensibilidad para el arte, especialmente cuando se habla de algunas de las piezas más importantes de la historia. Una de mis favoritas es, dentro de la colección Tribute to Great Civilisations, el homenaje a la Victoria de Samotracia.

Colaboraciones entre marcas de relojes y artistas

Además de la ya mencionada colaboración entre Hublot y Richard Orlinski, y continuando con la misma marca, encontramos una variedad de trabajos conjuntos entre casas relojeras y artistas; como, por ejemplo, el trabajo de Hublot con Takashi Murakami o Shepard Fairey, o el del artista hispano-argentino Felipe Pantone con Zenith, que ha sido fructífera y ha dado lugar a varias piezas. También la ya mencionada Bulgari ha hecho grandes trabajos con arquitectos como Tadao Ando o artistas como Mattar Bin Lahej, en una de las últimas colaboraciones de la marca, conmemorativa de la Dubai Watch Week 2026. Incluso, desde una perspectiva más amplia y actual, nacen colaboraciones como las de TAG Heuer con Fragment Design, liderada por Hiroshi Fujiwara, considerado «padrino del streetwear», un reflejo de cómo las colaboraciones con artistas pueden ampliar y modernizar el imaginario popular de las tradicionales marcas de relojería.

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