Vacheron Constantin convierte el reino animal en arte sobre la muñeca

7 Sep 2026

La nueva colección Métiers d’Art Tribute to the Animal Kingdom reúne seis relojes conceptuales en los que plumas, papel, madera, cristal, bordado y origami alcanzan una escala extraordinariamente pequeña.

Hay relojes que sirven para medir el tiempo y otros que parecen detenerlo. La nueva propuesta de Vacheron Constantin pertenece claramente a la segunda categoría. Con Métiers d’Art Tribute to the Animal Kingdom, la manufactura ginebrina lleva el universo de los oficios artísticos a un territorio casi microscópico para crear seis piezas únicas en las que la naturaleza se convierte en protagonista.

El proyecto forma parte del programa One of Not Many Crafts, una iniciativa con la que Vacheron Constantin explora nuevas posibilidades para el futuro de la artesanía relojera. Para esta ocasión, la Maison ha reunido a seis artistas especializados en disciplinas que tradicionalmente no forman parte de la relojería y les ha planteado un desafío tan sencillo de explicar como complejo de ejecutar: trasladar su oficio a la superficie de una esfera de apenas 42 milímetros.

El resultado es una colección protagonizada por un animal diferente en cada creación: una serpiente, un pulpo, mantarrayas, un tigre, un cocodrilo y un halcón. Seis criaturas, seis técnicas y seis maneras de entender la relación entre arte y alta relojería.

Cuando la artesanía entra en una esfera

El desafío de esta colección no consiste únicamente en reproducir figuras animales con un nivel de detalle extraordinario, sino en trasladar técnicas artesanales concebidas para escalas mucho mayores al reducido espacio de una esfera relojera. Cada creación debía conservar la esencia de disciplinas tan diversas como el bordado, el papel, la marquetería o la escultura, respetando al mismo tiempo las exigencias técnicas de un reloj mecánico de alta precisión.

Todas las piezas incorporan el calibre automático 2460 G4, cuyas indicaciones se muestran mediante cuatro aperturas situadas en los extremos de la esfera, liberando así el espacio central para las composiciones artísticas. Dentro de una caja de 42 milímetros y con apenas unos milímetros de profundidad disponible, los artesanos tuvieron que reinventar herramientas, materiales y procesos, logrando una extraordinaria demostración de miniaturización en la que tradición, innovación y savoir-faire convergen en perfecta armonía.

Una serpiente hecha de plumas

En Feathersnake, el artista francés Julien Vermeulen utiliza la plumasserie para crear una serpiente fantástica que parece deslizarse entre la vegetación. Su cuerpo está formado por más de 200 diminutos fragmentos procedentes de siete plumas de lophophore, una variedad especialmente rara. Las piezas, en tonos azulados y verdosos, se colocan sobre una estructura metálica que permite conseguir volumen sin superar las restricciones de la caja.

El proceso exigió aproximadamente 250 horas de investigación, prototipos y ejecución. Incluso las herramientas tuvieron que reinventarse: un microbisturí creado a partir de una aguja y una aguja de costura modificada para aplicar cantidades microscópicas de adhesivo. El ojo de la serpiente, realizado en oro blanco de 18 quilates y esmalte, añade un pequeño punto de intensidad a una composición dominada por las plumas

Un pulpo de cristal suspendido en el tiempo

La segunda pieza, Glassoctopus, traslada al reloj el universo marino. El artista italiano Simone Crestani ha esculpido un pulpo de cristal transparente que parece flotar sobre un fondo azul oscuro. Trabajar con cristal a esta escala supuso desarrollar una técnica completamente nueva. Los pequeños tentáculos se construyen progresivamente a partir de finísimas varillas de vidrio fundido, utilizando herramientas de tungsteno para crear detalles como los diminutos tentáculos y ventosas.

El pulpo alcanza apenas 3,5 milímetros de altura, pero consigue conservar una extraordinaria sensación de volumen. El fondo, realizado sobre una base de oro con guilloché a mano, refuerza la impresión de estar contemplando una escena submarina en miniatura.

El origami también puede medir el tiempo

En Oraygami, seis pequeñas mantarrayas parecen desplazarse por las profundidades del océano. La artista alemana Anya Midori ha recurrido al micro-origami para construir estas criaturas a partir de papel japonés teñido específicamente para el proyecto. Las mantarrayas miden entre 5 y 10 milímetros y se sostienen mediante diminutas varillas de latón que generan una sensación de movimiento y ligereza.

Lo extraordinario es que cada figura tuvo que desarrollarse desde cero. Midori estudió fotografías y vídeos de mantarrayas reales para comprender sus proporciones y movimientos antes de convertirlos en una secuencia de pliegues. El papel, de apenas 20 gramos, también tuvo que teñirse con una mezcla especialmente desarrollada para conseguir el tono azul deseado sin perder las propiedades necesarias para el plegado.

Un tigre bordado con oro

El animal más poderoso de la colección protagoniza Tigerbroidery, una composición en la que la británica Laura Baverstock lleva el bordado con hilo de oro a una dimensión completamente nueva. El tigre está construido con hilos de oro amarillo y blanco de 9 quilates, mientras que sus características rayas negras se crean mediante hilos de cobre recubiertos de cerámica. El animal aparece en movimiento, rodeado por una jungla bordada sobre seda verde.

La precisión alcanza incluso a los ojos del felino, realizados con diez tonalidades diferentes de seda para generar profundidad y expresión. El conjunto requirió alrededor de 210 horas de trabajo y obligó a desarrollar agujas de apenas 0,25 milímetros y herramientas específicas para poder manipular los hilos metálicos a esta escala.

Un cocodrilo esculpido en papel

El papel, normalmente asociado a la fragilidad, demuestra aquí todo lo contrario. En Papercroc, la artista francesa Marianne Guély crea un cocodrilo blanco que parece emerger de un paisaje helado. La composición está realizada con papel de algodón de diferentes gramajes mediante una combinación de estampación en relieve, corte por láser y montaje manual. El cocodrilo alcanza únicamente tres milímetros de altura, pero las distintas capas crean sombras y relieves que aportan una sorprendente sensación escultórica.

Para conseguirlo se desarrollaron matrices de latón grabadas con las escamas del reptil y la vegetación, además de herramientas específicas de estampación. La esfera demuestra así que incluso un material tan cotidiano como el papel puede convertirse en alta artesanía cuando se somete a las exigencias de la relojería.

La madera se convierte en un halcón

La última de las seis interpretaciones es Woodenwings, donde la artista italiana Anna Le Corno utiliza la marquetería para representar un halcón a punto de emprender el vuelo. La pieza combina 12 especies de madera, entre ellas eucalipto ahumado y abedul teñido de azul. El cuerpo del ave se construye mediante capas de madera posteriormente esculpidas a mano, mientras que las plumas del ala se ensamblan individualmente.

La escala obligó a sustituir las herramientas tradicionales de carpintería por microinstrumentos, bisturíes similares a los utilizados en cirugía y pequeñas fresas de carburo. Parte del trabajo tuvo que realizarse bajo aumento binocular. El resultado mantiene la riqueza natural de las vetas de la madera, pero la convierte en una composición tridimensional de apenas tres milímetros de altura.

Seis animales, una misma visión

Más allá de sus diferencias, los seis relojes comparten una misma filosofía: demostrar que la artesanía es un arte en constante evolución. La colección fusiona técnicas procedentes de disciplinas tan diversas como la alta costura, el origami, el bordado o la marquetería con la tradición relojera de Vacheron Constantin, dando lugar a nuevas formas de expresión a escala microscópica.

La naturaleza, una fuente de inspiración recurrente para la Maison desde hace dos siglos, se convierte aquí en un auténtico campo de experimentación donde arte y mecánica conviven en perfecta armonía. El resultado son seis piezas que celebran no solo la belleza de los materiales, sino también el tiempo, el conocimiento y la maestría necesarios para hacer posible lo extraordinario.

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