Un color: el berenjena
A medio camino entre el púrpura imperial y el vino tinto, este tono profundo posee una cualidad difícil de encontrar en otros colores: transmite sofisticación sin resultar ostentoso. Y aunque no es un color que consideremos básico, esta temporada va a ser un comodín, tanto en total looks como combinado con otros.
Durante siglos, los tonos púrpura estuvieron reservados a emperadores, altos cargos eclesiásticos y miembros de la realeza debido al elevado coste del púrpura de Tiro, un pigmento obtenido a partir de miles de moluscos del Mediterráneo. En la Roma imperial, vestir este color era un privilegio regulado por ley (no todo el mundo podía hacerlo), y un símbolo de autoridad que convirtió al púrpura en uno de los códigos cromáticos más exclusivos de la historia de la moda.

Aunque el berenjena actual incorpora matices marrones y rojizos que lo alejan de aquel pigmento histórico, este conserva intacta esa asociación con la sofisticación y el lujo. Quizás es por eso que solo lo relacionamos con tejidos elevados como el terciopelo o el satén. En esa línea, la colección de Carolina Herrera propone una feminidad más serena y sofisticada, rica en matices. Basta un abrigo de lana, un vestido de noche o un bolso en este color para elevar cualquier estilismo.
En joyería, el berenjena encuentra un aliado natural en los rubíes, cuya intensidad cromática dialoga con esta tendencia. Aunque el rubí suele asociarse al rojo más puro, muchas piedras presentan sutiles destellos frambuesa o púrpura que armonizan y aportan profundidad y luminosidad al conjunto.
Una pieza: la esclavina
Ya sea integrada en abrigos, chaquetas y vestidos o recreando su efecto mediante un fular de lana colocado sobre los hombros (una versión improvisada que se consigue con una pieza de cachemir o lana merino anudada o con un broche). El objetivo es integrar a las tendencias una esclavina o, lo que es lo mismo, una pequeña capa que aporta volumen a la parte superior de la silueta y convierte un look cotidiano en una propuesta sofisticada, como hace Ralph Lauren con este cárdigan de punto con esclavina que combina con pantalones sastre o con jeans en contextos más informales.

La esclavina tiene sus raíces en la Edad Media. Esta pequeña capa que cubría los hombros formaba parte del atuendo que llevaban los peregrinos del Camino de Santiago, quienes la utilizaban como protección frente al frío y la lluvia, y la adornaban con las características conchas de vieira. Sin su función práctica, la prenda se incorporó también al vestuario de obispos, cardenales y del papa.
Su silueta, sobria pero rotunda, trascendió el ámbito religioso para inspirar a numerosos creadores de moda. En la década de los 50, Cristóbal Balenciaga reinterpretó los volúmenes de las capas litúrgicas y las esclavinas, elevándolas a una nueva dimensión arquitectónica que definió su obra.
Al cubrir los hombros, la esclavina dirige la mirada hacia el rostro y el cuello, convirtiéndose en el marco perfecto para lucir pendientes largos, como los modelo riviere de oro rosa con diamantes de RABAT.
Un estampado: las flores
Lejos de adaptarse a la paleta oscura que marca la entrada del otoño, esta tendencia nos invita a vivir en una primavera permanente. Porque esta vez las flores se tiñen de colores pastel —rosa maquillaje, amarillo mantequilla, azul cielo o verde salvia— y aparecen en tejidos ligeros como la seda y la organza, incluso en delicados trabajos de pedrería y bordado. Este es el caso de la propuesta de Matthieu Blazy para la colección de alta costura de Chanel, donde integra con sensibilidad los estampados botánicos.

Bordar pétalos con hilos de seda, cristales o cuentas de vidrio exige cientos de horas de trabajo artesanal, un trabajo que ha sido siempre una de las máximas de la alta costura, como los bordados del histórico taller Lesage, que colabora con firmas como Chanel, Schiaparelli, Balenciaga o Yves Saint Laurent desde 1924. Gracias a su trabajo, las flores dejan de ser un motivo decorativo para convertirse en pequeñas obras de arte.
Las joyas de RABAT nos adentran en el mundo de la exclusividad a través de sus materiales pero, sobre todo, por su perfecta creación artesanal. Para combinar con las flores más delicadas, elegimos los diamantes más espectaculares que, como las flores, provienen de la naturaleza.
Una década: los 80
Si en temporadas anteriores la inspiración se limitaba a recuperar algunos códigos —una americana de hombros marcados o un exceso de ornamentación—, la próxima temporada apuesta por un retorno más literal de la década previa al minimalismo. Como ocurrió en los 80, las siluetas vuelven más teatrales, como marcan las propuestas de Stella MCartney, en las que prima la silueta reloj de arena. En la reinterpretación de la diseñadora británica las cinturas se ciñen, los hombros se ensanchan e incluso hace que vuelvan prendas tan icónicas como los fuseaus, pero lo hace sin estridencias gracias a una paleta cromática que aún bebe de la inspiración minimalista de los 90.

Para comprender esta estética tenemos que remontarnos a la incorporación masiva de la mujer a puestos de responsabilidad en las oficinas. Entonces, las hombreras, inspiradas en los uniformes militares y popularizadas décadas antes por Elsa Schiaparelli, adquirieron una nueva dimensión gracias a diseñadores como Thierry Mugler, Giorgio Armani o Gianfranco Ferré. Todos ellos construyeron una silueta de hombros rotundos y cintura marcada como símbolo de autoridad que popularizaron las series Dinastía y Dallas o la icónica película Armas de mujer.
Para completar un look que habla de feminidad desde la fuerza y el poder, recurrimos a una pieza de joyería que desafía todas las normas clásicas: el ear cuff.