Qué es y para qué sirve
La sonería y los mecanismos de repetición representan una de las complicaciones más sofisticadas y poéticas de la alta relojería. Se trata de sistemas mecánicos que permiten a un reloj anunciar la hora mediante sonidos, generalmente utilizando martillos que golpean gongs o campanas de acero templado que previamente un especialista ha afinado.

Originalmente, esta complicación fue concebida para permitir conocer la hora en la oscuridad, antes de la invención de la iluminación artificial. Hoy, su función es más estética y emocional que práctica: ofrece una experiencia sensorial única, donde el tiempo se escucha en lugar de verse. En un reloj de bosillo o pulsera esto sucede “a demanda”, accionando una palanca o pulsador en la caja del propio reloj.
Existen varios tipos de repetición, cada uno con diferente nivel de complejidad:
– Repetidor de cuartos: marca las horas y los cuartos de hora.
– Repetidor de cinco minutos: añade precisión marcando los intervalos de cinco minutos.
– Repetidor de minutos: el más complejo, indica horas, cuartos y minutos exactos.

Quién y cuándo lo inventó
Los orígenes de la sonería se remontan a los relojes de torre medievales, que anunciaban las horas a toda la comunidad mediante campanas, pero la historia de la repetición se remonta al siglo XVII. El primer mecanismo de repetición fue desarrollado en 1676 por Edward Barlow, un clérigo inglés que ideó un sistema de sonería basado en un conjunto de muelles y levas accionado por un pulsador. Su diseño fue perfeccionado por Daniel Quare, quien en 1687 patentó un repetidor de cuartos más compacto y funcional. Por cierto, Quare se querelló contra Barlow por haberle copiado la idea. Y ganó.

Estos primeros mecanismos eran rudimentarios, pero sentaron las bases para una evolución que llegaría a su apogeo en el siglo XVIII, cuando la relojería alcanza el estatus de arte. Figuras como Abraham-Louis Breguet (1747-1823) introdujeron mejoras sustanciales, como el uso de muelles planos (también llamados ‘gongs’) en lugar de campanas, lo que permitió reducir el tamaño de los mecanismos y mejorar su sonoridad.
Breguet también desarrolló la répétition à toc, una versión simplificada (el martillo golpeaba la caja en lugar del gong) que producía un sonido seco y discreto, ideal para consultar la hora en teatros o reuniones sociales sin molestar, lo que le otorgaba una función práctica en determinados entornos.

A lo largo del siglo XIX, casas como LeCoultre, Audemars Piguet, Vacheron Constantin y otros maestros ginebrinos continuaron perfeccionando estos mecanismos, añadiendo complicaciones adicionales como la gran sonería (grande sonnerie) que a la indicación de la hora -y cuartos, y minutos- añadían una melodía.
Qué aplicación tiene en la relojería actual
Hay que admitirlo: en una era en la que podemos consultar la hora en cualquier smartphone que además se auto-ilumina, la función práctica original de la repetición ha desaparecido. Hoy, la sonería es pura expresión artística y técnica, un ejercicio de virtuosismo.
Entonces ¿por qué adquirir un repetición de minutos?
– Por amor al arte. Literalmente. El placer de activar un mecanismo y ‘oírlo cantar’.
– Símbolo de estatus: Por su complejidad, el precio de un repetidor de minutos no está al alcance de cualquier bolsillo.
– Coleccionismo: ligado al punto anterior, aunque no necesariamente, porque muchos coleccionistas prefieren la discreción.
– Inversión: Como objetos escasos que son, los relojes con repetición suelen mantener su valor en el mercado de subastas

Marcas como Patek Philippe, Audemars Piguet, Jaeger-LeCoultre, Vacheron Constantin y A. Lange & Söhne continúan produciendo relojes con repetición de minutos, no porque el mercado lo demande masivamente, sino como manifestos de su capacidad técnica (el estatus relojero): la complejidad de realizar una sonería está muy por encima de la de un tourbillon y al alcance de relativamente pocos maestros relojeros.

Como ejemplo de la importancia que las “Maisons” dan a esta extraordinaria complicación, baste decir que cada reloj con repetición de minutos que se termina en los talleres de Patek Philippe pasa necesariamente por las manos -y el oído- de su presidente, que será quien valide -o no- la sonoridad, el timbre y la armonía.
El futuro
El futuro de la sonería y repetición en relojería es paradójico: funcionalmente obsoleto pero culturalmente imperecedero. Por un lado, es posible que las nuevas generaciones, que no han convivido con la relojería mecánica, vayan perdiendo el interés en ella y por ende en las complicaciones. Por otro lado, y del mismo modo que la pintura es un arte, la alta relojería -cuyo mayor exponente mecánico es la sonería- sigue teniendo un lugar en la Historia, como lo tienen los luthiers. No en vano las grandes marcas siguen investigando en soluciones mecánicas y de materiales (gongs de zafiro, cajas de titanio) para mejorar su sonido.

En corto: su futuro no está en la utilidad, sino en su capacidad para conmovernos y conectarnos con siglos de maestría artesanal. Mientras exista quien valore esta conexión, los relojes seguirán cantando.
Los relojes con la complicación de sonería han ido evolucionando junto al dominio técnico, de manera que lo que se valora actualmente son los más complicados -valga la redundancia-: repetición de minutos combinados con Grande Sonnerie,cuyo ejemplo más “sonoro” podría ser el Patek Philippe Grand Master Chime referencia 5175, hasta la fecha el reloj de pulsera con más complicaciones jamás fabricado. 20, para ser precisos. Y 1.580 componentes.

Cartier también realizó piezas de excepción en su época “manufacture”, con un repetición de minutos combinado con doble tourbillon:

Breguet, haciendo honor a su condición de inventor, presentó en 2015 su Tradition 7087, un compendio de innovaciones que incluía los gongs fijados al bisel/cristal para mejorar la sonoridad, un control de velocidad ¡magnético! y un sistema de martillos verticales nunca antes vistos. Con tourbillon, por supuesto:

Hay otra complicación, esta mucho menos vista, que combina a la perfección con la sonería o repetición: los autómatas, pequeñas figuras con movimiento que actúan al son de los gongs, como los Ulysse Nardin Jacquemart.

En 2016 L-U.C. Chopard lanzó un repetición de minutos con los gongs hechos enteramente de zafiro, esculpidos de un solo bloque, que acabó ganando el premio Petite Aguille del GPHG en 2017. Posteriormente -principios de 2022- apareció una versión con la caja también en zafiro.

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